Mi condición como alumna inicial se llevó a cabo en un edificio escolar que daba el aspecto de ser apto para mi desarrollo como aprendiz, el primer día mi estado emocional parecía comunicar sentimientos confusos entre la alegría de ir a la escuela y los nervios al momento de ingresar a ella, también por el despego de mis padres que eso suponía. Pero pareció que confronté todo eso y pude dar mi primer paso a la escolarización.
Con cada año pasado la institución a la que asistía parecía demostrar de forma más marcada en los programas educativos expectativas de formar en sus alumnos personas activas, participativas, curiosas y cuestionadoras, conocedoras de sus posibilidades y limitaciones, buenas observadoras y capaces de aprender, concientes del valor patriótico y poseedoras de fe. Esto se comprobaría en las actividades escolares y extraescolares a realizar.
Pero la adquisición de contenidos en los alumnos y la forma de educar de los docentes parecían no ser uno de los ítem más destacados, porque el intento de articulación no permitía producir satisfactoriamente un aprendizaje significativo, los conocimientos se encontrarían carentes de sentido y muy pasajeros.
El docente representaría la responsabilidad principal de realizar las acciones de enseñanza y de producir un andamiaje entre el alumno y su posibilidad de construir conocimientos. El aula donde pareció llevarlo a cabo suponía un ambiente cálido y reconfortante para la resolución de actividades. El grupo de alumnos en esos momentos sugería seguridad en sí mismos y una posible visión de su docente como guía para enfrentar obstáculos y compartir logros. Se percibían también actitudes para enseñar un tanto conductistas de los docentes que representarían una personalidad austera y cerrada a los cambios, y a las opiniones de otros, actitudes que podrían resultar poco fructíferas para el aprendizaje del alumnado.
El uso del tiempo libre en las horas escolares, parecía manifestarse de modo restringido en las actividades físicas. Las “bicicletadas”, sugerían otra opción para aprovechar la naturaleza, creería que eran las que resaltaban mas las ganas de participación y emoción de los alumnos, debido a la impaciencia que demostraban para realizarlas.
Los recreos representarían la tradición de correr, reír, jugar e imaginar. Pero también representarían el alboroto, la inquietud y la dispersión de los chicos al momento de ingresar nuevamente al aula, demostrado en el bullicio al toque del timbre.
Mi paso por la escuela primaria reflejaría una porción en la formación de mi personalidad, el incentivo para aventurarme a conocer mi interior. La sociabilidad no fue desarrollada por mí, porque no encontré en la escuela los instrumentos para serlo. Afirmaría que la biblioteca escolar fue la motivadora para adrentarme al mundo de las palabras y su sentido.
De esta manera la escuela y su función significarían mecanismos de inserción social, de convivencias e innovaciones, representarían un ámbito de experiencias y un espacio para la enseñanza- aprendizaje, y el conocimiento mismo. Todo esto sería representado en las actividades, y actitudes de algunos docentes, y la organización de cada acto escolar.
Con este planteo busco demostrar una escuela valiosa y respetada, sensible a las necesidades de la comunidad y a las expectativas, flexible y adaptable a los cambios, y por sobre todo un espacio donde lo bueno se absorbe para crecer y construir, los obstáculos se vencen o superan para llegar al fin deseado y lo malo se transforma en una experiencia con posibilidades de mejora.

2 comentarios
Prof. Martín Elgueta -
Calificación de la producción: 10 diez.
Prof. Martín Elgueta -
Por ello para realizar esta tarea se recomienda leer lo publicado en el blog de la cátedra sobre "describir, analizar y valorar".
Se esperan las correcciones de este trabajo durante el mes de abril