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MOMENTOS INBORRABLES

  

Un cierto día en una pequeña porción de la ciudad de Mendoza se encontraba San Carlos departamento hermoso en su naturaleza, con las montañas a sólo un paso para disfrutar, sus árboles frondosos en primavera y en otoño llenos de amarillos y verdes, ahí justo ahí estaba La Consulta, mi lugar de nacimiento y hogar durante estos 21 años de mi vida,  alejada de ruidos estruendosos, de amontonamientos y empujones al caminar; de cálidos días, y hermosos recuerdos.

 

   En esta pequeña ciudad, se encontraba la escuela primaria pública Adolfo Tula con jardín de infantes, alli sucedió mi primer día de clases, lleno de emociones, vestida como un pimpollo, un beso de papá y mamá y sus dos caritas alegres y una sonrisa amplia; su “sol” vestida de rosa preparada para empezar el jardín. Mis abuelos me esperaban en las puertas del colegio para desearme un feliz comienzo.

  

   Cuando llegué al colegio me faltaban ojos para conocerlo todo, pero vì que habían muchas caritas como la mía: llenas de sorpresa, emoción e impaciencia; pero también llenas de miedo. Comenzábamos a vivir experiencias nuevas y ¡fuera de casa!.

  

   Cuando entramos para dar inicio al acto de bienvenida, vi muchas puertas cada una era un aula distinto, vi un patio enorme en el medio de las escuela, y en él el mástil con la bandera flameante en el cielo. En la puerta del aula de jardín  nos esperaba la seño Adriana, una seño muy linda, que con su voz dulce y tierna nos recibió. Un mundo nuevo nos abrazaba dentro de la salita y que se agigantaría, con nuestras curiosidades por conocer cada vez más. En jardín comencé un  período de magia, donde tijeras, papeles de colores, crayones, tizas, plastilinas, meriendas, paseos, libritos....y compañeritos, eran esenciales para compartir  risas, diversiones y emociones en cada día del año.

 

   Ya en 1992, entré en primer grado. Fue una gran vuelta para mí, mis papás me cambiaron de escuela inscribiéndome en la primaria y secundaria privada y religiosa Santa Rosa de Lima en el turno tarde. Cuando ingresé por primera vez, vi una galería techada que rodeaba al patio central, muchas aulas que pertenecían al nivel secundario, y otras al nivel primario, el mástil se encontraba en un pequeño escenario de cemento especial para él a la orilla del patio, también había una cancha para las actividades deportivas, un amplio salón de música con variados instrumentos para tocar, y el jardín tenía su propio patio de juegos con culimpios, calesitas, tobogán, y otros más.  El uniforme era otro: guardapolvo blanco, con corbata y medias verdes y zapatos negros. El primer día fue de adaptación, adaptación a una nueva etapa escolar: la primaria. Fue aquí donde ejercité las primeras lecturas, las primeras cuentas, y las primeras estudiadas para rendir las evaluaciones. Desde un principio éramos apenas 15 compañeros, que nos aceptamos como un grupo de inmediato. La seño Miriam era comprensiva y paciente, nos enseñaba con mucha dedicación e entusiasmo, apenas logramos sentarnos en nuestros bancos ella creó un clima de confianza, y fue por eso que los nervios del primer día desaparecieron sin darme cuenta.

 

    A partir de este año vienen a mi memoria momentos muy puntuales de mi paso por la primaria, como ser la Directora de la escuela, (que aún lo es) Matilde, y la vice la seño Teresita, recuerdo los límites que nos ponía la Hermana Rosario sus castigos: nos quitaban los recreos por portarnos mal y nos hacían formar en el medio del patio mientras los demás grados jugaban, teníamos que estar muy serios, mirando hacia el frente y muy derechitos, al primer ruido, nos quitaban el próximo recreo.

  

   En este colegio, recuerdo también que  la familia cumplía un rol muy importante, y para conmemorarla se hacían a fin de año los actos por el Dìa de la Familia con relación a la formación familiar, sus actividades, y roles.....en un de esos años nosotros estando en tercer grado simulamos un casamiento: había un cura, los novios, los padrinos...y por supuesto los padres, donde yo hice el papel de la madre de la novia vestida de un traje todo rosa (mi mamá tenía adoración porque yo estuviera siempre de rosa....será por eso que hoy ese color no me agrada tanto!!). Nuestros padres estaban “chochos” de la alegría, ese fue uno de los mejores actos habidos para conmemorar a la familia.

  

   Todos los años, además cuando festejábamos el día del niño, nos repartían leche chocolatada con golosinas, nos organizaban juegos, y nos daban todo el día libre para jugar. Como este día existía también uno similar, el día de convivencia, donde nos juntábamos todos los grados de ambos turnos desde la mañana hasta la tarde, compartiendo el almuerzo; nos dividían mezclados y realizábamos las actividades que nos daban en los afiches para luego exponerlas a través del micrófono ante todos. Eran experiencias que hacíamos con mucho entusiasmo con tal de no tener clases.

  

   Este colegio, como es religioso, tiene una capilla muy pequeña en el convento donde viven las Hermanas, en esta capilla teníamos misa, semana por medio una sola vez, pero a ella podíamos ir las veces que quisiéramos, es un lugar reconfortante que destella una inmensa  tranquilidad, para los momentos en que muchas veces necesitamos estar solos. Hoy por hoy la han ampliado y es mucho más espaciosa que como la recuerdo hace unos años.

  

   Ya en sexto grado, nos preparábamos para hacer la primera Comunión, teníamos coordinadores jovencitos, que nos daban las clases en un salón de la Iglesia. Cuando el período de preparación iba llegando a su fin se organizó un retiro espiritual de tres días en las cabañas de los hermanos Marista en el Manzano Histórico. Ese campamento fue màs de diversión y travesuras que de espiritualidad!!!..Los chicos salían en las noches y nos golpeaban las puertas para asustarnos, el último día de estancia recuerdo que nevó, al despertar todo estaba cubierto de un manto blanco, y antes de todo corrimos a la nieve a jugar a las guerritas, y a hacer muñecos de nieve, el más grande y más original era el ganador. En ese momento una de las hermanitas que estaba con nosotros, se emocionó al ver la nieve, y juró que nunca antes la había visto porque ella venía de tantos lugares que nunca se le dio la oportunidad de conocerla, y de la emoción de acostó en ella, y fue ahí donde la bombardeamos con bolas de nieve, una forma, tal vez extraña pero inocente de invitarla a jugar y hacerla sentir bien.

  

   Así  cuando nuestra preparación se dio por finalizada, recibimos el cuerpo de Cristo en noviembre de 1997. Yo estaba vestida de guardapolvo blanco, zoquetes con puntilla y chatitas blancas, además de un delicado moño recogiéndome el cabello con largas cintas que caían y un fino cordón amarillo en el cuello.

 

   Llegando al último año........sólo quedábamos 15, la amistad se acrecentó con todas las vivencias compartidas, y el sentimiento de despedida era nostálgico, algunos se iban a vivir lejos, otros cambiaban de colegio, y nosotros los menos nos quedamos para continuar juntos en la secundaria. La despedida se hizo en el cine, donde nos entregaron nuestros diplomas, y un presente: la foto de todos juntos sacada días antes. Fue muy emotivo el acto, las maestras nos leían cortas frases y textos, reflejando nuestra forma de ser como grupo. Entregamos la bandera al grado anterior, y donamos nuestros guardapolvos a una humilde escuela. Mi primaria había concluido.

 

Entonces en mi condición como alumno y compañero, formé parte de un escenario donde estaban presentes las relaciones con los otros, la capacidad de pensar más detenidamente, de resolver situaciones de conflicto entre todos siempre superándonos a nosotros mismos, de compartir aventuras, reglas, colores, fantasías y límites...

 

Como alumna fui muy callada y tímida, responsable en las tareas, ya que mi mamá como maestra me lo exigía constantemente. En los festejos que se realizaban trataba de participar, también  puedo decir que los actos o eventos que se llevaban a cabo eran muy prolijos, y las maestras se esmeraban mucho en la ornamentación.

 

La relación con mis maestros fue muy buena, algunos eran accesibles y muy didácticos, otros un poco más austeros. Se notaba en ellos el sentido de vocación que poseían, las ganas de enseñar y el propósito de que nosotros aprendiéramos, demostraban interés y agrado en cada clase dada, y un compromiso enorme para con nosotros, o también la falta de paciencia, el desagrado en sus caras por estar un día más parado frente a un aula.

 

La relación de la escuela con las familias fue muy superficial, sólo existían en momentos de actos, o en reuniones escolares para notificar la condición actual del alumnado. No se realizaban actividades de emprendimientos, las familias estaban “casi” al margen de las actividades escolares.

 

Los contenidos eran buenos, no sé si los aprendizajes....porque resultaron muy pasajeros. No los recuerdo claramente, puedo decir que matemática fue mi tortura, siempre necesité ayuda para resolver cada problema... los contenidos incentivaban sentimientos por la patria, y respeto y devoción por la fe católica.

 

   De esta imborrable experiencia no puedo decir que me llevo muchos conocimientos porque los contenidos fueron superficiales, dados con ganas y sentimiento, pero carecían de significado para ser interiorizados por nosotros los alumnos; si me llevo el sentimiento de compañerismo y el aprendizaje de saber compartir y ayudar, de respetar y escuchar, de vivir y no olvidar.

 

 Esta etapa de la vida es muy importante, los niños crecen y aprender a vivir en sociedad, es aquí donde se los forman como ciudadanos con sentimientos de respeto hacia a la patria, con sentimientos de solidaridad e igualdad frente a aquellos que lo rodean.

El docente debe buscar la manera más práctica de incentivar a sus alumnos a confiar en ellos mismos, a creerse capaces de enfrentar diversas situaciones, a animarse a compartir y entrar en un mundo sociable, admisible e igualitario, con ideas de renovación, de cambios, de mejoras. El docente debe abrirle al alumno las ventanas al mundo que lo espera, enseñar el valor de lo natural y de lo humano.

Porque cuando los sentidos están abiertos son verdaderos aliados para construir aprendizajes valiosos. Así también los entornos naturales son fuentes inagotables de recursos para jugar y aprender, son pasaportes lúdicos para un adecuado desarrollo infantil. Y los recursos humanos son valiosos elementos de transmisión cultural, formadores de una identidad propia de cada región o país.

 

La escuela es una grande portadora de incontables convivencias donde aprendemos, además de contenidos escolares, a dialogar, a ponernos de acuerdo, a ser cómplices, a decidir si transgredimos las reglas, o nos hacemos cargos de nuestros propios errores, en ella comenzamos a trazar estrategias para alcanzar nuestro fin último: NUESTRA FELICIDAD.

 Así mi recorrido por la escuela primaria, fue el primer gran paso de un comienzo para forjar mi futuro. Desde el primer día todo fue hermoso: mis compañeros, mis maestros, algunos cariñosos, comprensivos, otros un poco gritones y malhumorados, todas aquellas experiencias de vida que me ayudaron a formarme como persona, el colegio mismo: sus aulas, la BIBLIOTECA!!!!!, donde los libros me llamaban con suaves susurros pidiendo ser leídos, la capilla, el salón de música con variados instrumentos para tocar......todo esto, lo material, lo espiritual y lo sentimental quedó en mi corazón como una huella imborrable.

BENEGAS MARISOL2º AÑO DE EGB 1 Y 2

2 comentarios

Prof. Martín Elgueta -

Marisol gracias por compartir tu relato. Sería interesante que nos hubicaras geográficamente, al igual que mencionar el nombre de la escuela en algún momento.
Para los que conocemos la zona el relato nos ofrece pistas para reconocer la escuela y el lugar del que hablás... pero uno tiene que escribir no solo para aquellos que entienden nuestros códigos.
Quedo a la espera de estos ajustes durante el mes de abril.

Prof. Martín Elgueta -

Marisol bienvenida al uso de los blog como recurso educativo. Ya hay avances en la publicaciión quedamos a la espera de lo demás.